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Ecología Humana y Lenguaje. Pensando una convivencia sustentable.
Lic. Silvina Ferreyra

 “El amor es el fundamento emocional

que hace posible el surgimiento evolutivo de nuestro vivir humano

en el origen del lenguaje…

y es desde ahí que somos biológicamente amorosos

y que nuestra identidad biológica cultural es:

HOMO SAPIENS AMANS AMANS”

Humberto Maturana

 

Cuando pensamos en la “ecología”, en nuestro imaginario colectivo, solemos asociarla al vínculo de los seres vegetales y animales con el medio ambiente, en su definición más exacta se trata de “la ciencia que estudia a los seres vivos como habitantes de un medio y las relaciones que mantienen entre sí y con el propio medio”. La “ecología humana”, por otro lado, es definida como “el estudio científico de las relaciones, en tiempo y espacio, entre la especie humana (Homo sapiens) y otros componentes y procesos de los ecosistemas de los cuales forma parte. Su objetivo es conocer la forma en que las sociedades humanas conciben, usan y afectan el ambiente, incluyendo sus respuestas biológicas, sociales y culturales a cambios en tal ambiente”.

En estas definiciones, quiero invitarlos a pensar-nos a los seres humanos como integrantes de una “ecología” en la que no sólo estamos en relación con un ambiente natural y urbano-artificial, sino, me gustaría que reflexionemos en el impacto que tiene relacionarnos entre seres humanos, cómo nos afectamos unos a otros en la convivencia a través de la palabra, los gestos y acciones, cómo las expresiones y mensajes afectan nuestro vivir biológico, vincular y social.

Considero que es oportuno comenzar a observar-nos como integrantes de un medio en el cual  la palabra y en su conjunto el lenguaje que incluye gestos e intenciones son un elemento primordial que hace a la estructura de la ecología humana, del ambiente en el cual las personas desarrollamos nuestra vida cotidiana, pensamos, aprendemos, actuamos, nacemos, vivimos y morimos.

Si como seres vivos, mamíferos, y humanos habitamos en un cuerpo biológico, éste se distingue del resto de los seres vivos por tener emociones que pueden ser expresadas por palabras y gestos de un lenguaje que será comprendido según la cultura a la que pertenecemos o circunstancialmente ocupamos.

Esta distinción permite que nuestros sentimientos, ideas y experiencias se muevan en una dinámica conjunta que la sostenemos nosotros y los otros; de cómo nos hablen, nos traten y de cómo nos comuniquemos, es decir, dependiendo cómo hablemos y tratemos a otros obtendremos experiencias de bien-estar o de mal-estar.

El resultado y el tipo de encuentro que resultará entre persona y persona está directamente relacionado a lo que cada uno aporta y cuánto cada uno posibilita esa interrelación. No depende tanto del tipo de idioma, o si hablamos varios idiomas, o si tenemos un doctorado en lenguas, sencillamente la interrelación y su calidad dependen de la coherencia de lo que decimos con lo que hacemos y pensamos.

A veces podemos identificar cómo nos estamos vinculando,  otras no en la totalidad de los significados e intenciones porque nuestros decires y lo decires ajenos encierran  contenidos inconscientes y por ello no nos resulta posible abordarlos con sencillez antes de actuar o estar recepcionando un mensaje.

Nuestro devenir biológico y psicológico cuenta con una estructura luminosa o conocida, y una sombría o desconocida por ello a medida que vamos creciendo se hace cada vez más necesario el desarrollo en el lenguaje y en la responsabilidad, justamente porque cuanto más rico sea nuestro lenguaje más posibilidades tendremos de comprender y por lo tanto de hacernos responsables de nuestros actos, que reitero siempre tendrán un contenido luminoso y otro sombrío.

La responsabilidad basada en el conocimiento o la conciencia de las consecuencias que tienen aquello que decidimos o decimos puede otorgarnos un camino de libertad, de autonomía asumida en la responsabilidad de convivir con otros en un mismo espacio-tiempo.

Reitero, cuando nos interrelacionamos lo hacemos con nuestro material consciente o luminoso y a la vez con aquello inconsciente y sombrío de cada uno y lo único que tenemos para comunicarnos es el lenguaje, los gestos y acciones por ello considero que el lenguaje en su conjunto es un elemento vital.

Si cada uno de nosotros se compromete en ejercitar la coherencia y la honestidad de lo que piensa, dice y hace estaremos construyendo un hábitat confiable que hará de nuestro co-existir un espacio sustentable, tejeremos una trama invisible fuerte, como una red que sostendrá el desarrollo de nuestra vida  y nuestro bien-estar.

En las familias, como sea que estén formadas, si habitan niños, tenemos la función primordial de nutrirlos en el lenguaje, en la habilidad de poder traducir sus emociones y pedir lo que necesitan en el momento que lo necesitan. ¿Por qué? , básicamente porque ese será su mayor sostén biológico y psicológico para convivir en un mundo complejizado por la globalización, la tecnología y el crecimiento del espacio virtual que interviene de manera directa e inmediata en las experiencias diarias entre personas conocidas y desconocidas.

Las escuelas, debieran comprender lo profundo de la lengua, ya que no sólo es importante tener como objetivo  los aspectos diseñados como contenidos de la lengua en la enseñanza escolar sino que urge reflexionar en todo lo que el docente, directivo o cualquier integrante de la comunidad escolar transmite con su decir en palabras y acciones porque ello sostiene la coherencia del contenido enseñado y permite también la creación de espacios confortables, seguros, confiables, indispensables, de escucha y contención para el cachorro humano.

Los gobiernos, debieran considerar que siendo cuidadosos entre lo que dicen y hacen marcan el rumbo del entramado social, fundan experiencias culturales y direccionan la convivencia en un sentido o en otro, es decir, permiten que el orden que precede al entendimiento entreteja la coherencia y por ende permita que la cotidianeidad suceda en una base también de confianza, porque todos podemos estar seguros que lo que sucederá será entre variables conocidas y las responsabilidades asumidas serán cumplidas a favor de bien-estar común.

Lo sucedido en la gran red que supone una sociedad y lo que sucede en las micro experiencias cotidianas de un grupo que comparte el vivir está atravesado por el lenguaje y los gestos; por ello la violencia y la paz, la desolación y el amparo, la corrupción y la ética institucional, el respeto y el atropello,  la confianza y la desconfianza todo esto parte de actos de coherencia o incoherencia entre lo que digo, pienso y hago.

Nos convoca una gran tarea, y ésta no es tan urgente en el afuera, es primordial que suceda en lo interno de los vínculos y de cada persona, en el día a día, en cada encuentro, se trata de amarse y amar de un modo responsable la vida propia y la ajena, devenir en lo que el Dr. Humberto Maturana denomina HOMO SAPIENS AMANS AMANS, teniendo conciencia de que el lenguaje es una célula más de nuestros cuerpos físicos, una célula que coexiste y le damos vida a diario con cada palabra, gesto o actitud, con la decisión de ser honestos o deshonestos, sinceros o falsos, comprometidos o indiferentes.

No hay nada imposible en aprender, en dejar expresar el amor con el que estamos diseñados si contamos con la colaboración de quienes nos rodean, si logramos una cultura en el que podamos decir y ser escuchados, escuchar y dejar decir, porque ello nos permitirá reflexionar antes de actuar, revisar nuestras propias ideas, tomar decisiones de las cuales nos podamos luego hacer responsables, construir redes humanas sustentables que sostengan la vida de todos.